domingo, 7 de febrero de 2010

De los días


Quiero ser para ti
el primer pensamiento de la mañana,
el jabón que resbale por tu cadera,
tu café vespertino antes del trabajo
y tu jornada…

Quiero ser para ti las piedras
Que sostienen tu paso,
El viento que golpea tu cara,
Tu primer enojo
Y el causante de tu primer sonrisa…

Quiero ser la pluma que sostengas en tu mano
Y ser tu enojo matutino
Ser tu suspiro
Y ser tu pensamiento… tu conflicto…

Déjame ser la pregunta de todos los días
De todas las tardes,
Quiero ser el frío que inunda tus pulmones
Y el calor de tu ropa para cuidarte.
Quiero ser tu enfermedad y tu cura
Quiero ser el que vulnere tus sentidos
Tu calma…

Quiero ser tu primera luz cuando caiga la noche
Ser tú cuando te mires en el espejo
Cuando mires al cielo
Cuando mires tu cama
Y cuando hagas tu oración nocturna…

Quiero ser tu universo
El mejor amigo
El buen amante
Un niño para amarte
Un hombre para responderte,
Ser yo mismo para entenderte
Y ser tú para nunca olvidarme.

Quiero ser tu espacio
Ser tu elemento

Ser uno…

Ser tuyo…

Y con el tiempo… ser lo mismo
Sin dejar de ser nosotros.

sábado, 6 de febrero de 2010

Sólo un buen amante


Hoy dejaré descansar la gracia de mis letras y mi lengua para decirte lo siguiente:
¿Qué dirías si te dijera que no quiero ser el mejor amante que has tenido, pero sí un buen amante? De esos que no puedes olvidar al pasar los años, de esos que con una canción hacen que los recuerdes y te revuelven las entrañas y no puedas casi respirar; de esos, que te dicen palabras que no pegan como mazos en el corazón, sino como alfileres, y cada que alguien te diga algo similar, tu corazón se detenga a llorar por un instante sin que tú puedas expulsar las lágrimas, pues te has obligado a no hablar de él, ya que así, no tendrías que acordarte de que hay que olvidarlo.
De esos amantes quiero ser para ti, que logran hacerte un nudo en la garganta cada que se van sin saber cuándo volverán a verse, aunque sepas que se seguirán viendo; de esos que cada que miras a la luna, su nombre viene como balazo al alma y hace sangrar la memoria deseando que vuelva pronto… y por momentos, quizás, que se quede para siempre. Quiero ser de esos amantes que todo mundo sabe que existe y que tienes, pero que nadie se atreve a preguntarte por él, de esos amantes de los que ocultas su fotografía y que no te dejas ver tomada de la mano con él en lugares públicos, para que llegando a la habitación, se arranquen la ropa y pierdan toda noción de la realidad hasta que sientan bailar el más estremecedor tango, que se conjuga con el sudor tibio y el grito constante asfixiante mientras tomas su rostro y lo contemplas para estar de vuelta en la realidad en un sueño prohibido; que se vive sólo unos instantes, para después callarse mientras lo ves partir.
Quiero ser de esos amantes que, en el día de tu boda, los ves parados en los asientos de atrás de la iglesia con una lágrima y una sonrisa, asintiendo con la cabeza mientras por dentro están derritiéndose como velas rojas en el año nuevo. Necesito ser tu amante que se anuncie con el viento, y que con su aroma te haga pensar en él cada noche cuando las sábanas te acaricien; necesito ser el amante que te haga tener alucinaciones de que lo ves por todas partes, de que lo escuches cada que prendes el radio, la televisión o que incluso lo confundas con el amigo que te llama; debo ser el amante que sea capaz de esculpir tu cuerpo a ciegas, ser el amante que te haga temblar apenas él se acerca, ser el amante que logre detener la rotación de la tierra a lo largo de la duración de un beso.
Como decía en un principio, no quiero ser el mejor amante, sólo un buen amante que realice todo esto, y que, cuando llegues al final de tus años, seguirnos viendo; pero para entonces quizá, sólo quizá, porque el futuro es un misterio, seas tú quien esté envejeciendo a mi lado como la esposa que vivió todo un torrente de pasión antes de contemplarnos hasta la muerte. Así tenga que pasar cien años esperando, así tenga que pasar por ser pasado y ser presente, así deba dejar marcas en tu vientre para espantar a quien ose tocarte… no sólo no podrás olvidarte de mí, sino haré que un día te levantes de la cama, y sientas la necesidad de timbrar en mi puerta y quedarte aquí… para siempre.

De esta forma dejo ahora activa la gracia de mi lengua y de mis letras para decirte al oído el poema de amor jamás escrito por los dioses, aquél que hará caerte en una nube y te traiga a mí antes de que el sol salga.

jueves, 4 de febrero de 2010

Lluvia en la ciudad



Conforme la lluvia en la ciudad festejaba 50 horas continuas mojando nuestras calles, viniste tú a mi pensamiento; la lluvia cesó, pero no se detuvo el continuo deseo de que estuvieras frente a mí, en silencio, dejándote llevar por el instante en que un ángel aparece cuando dos personas se quedan mirando fijamente, detenidamente; cuando lo único que estorba es la poca distancia entre dos cuerpos que se reconocen: olores, rostros… piel.
Y me puse a reflexionar acerca del espacio y el tiempo conforme las gotas caían en la ciudad ocasionando estragos en los ríos de asfalto, y cuando pensé que estaba distraído de ti, regresaste como golpe a mi memoria, como esa gota que cae desde el cielo y se estrella para morir sobre el cabello… si tan sólo estuvieras aquí esta noche, si no fueras un fantasma de mi conciencia que niega a abandonar tu imagen que se desnuda en la cama invitándome a pecar mientras tus piernas acuciosas provocan pelea.
Tiempo, espacio… velocidad, distancia… si estuvieras aquí, no tendría por qué más estar en mi balcón sólo, viendo como llueve: la gente se esconde del agua, los animales se enroscan, la gente en sus negocios comentan de la lluvia contemplando la ausencia de ventas… y tú tan lejos, donde no puedo abrazarte por la espalda, ni rodearte con mis brazos por tu cintura; viendo a la calle, pero mirando mi alma que recoge tu rostro para besarla.
Volví a mis deberes, pero tus taladrantes palabras esta noche no me dejan dormir, esta noche que me desvela mientras vela la pregunta: ¿y si tan sólo…? Y si tan sólo estuvieras aquí por un día, hoy, precisamente en esta noche que solicito de tu cuerpo para entregarte mis servicios de tierno amante que no conoce los límites de la razón y la locura; qué pasaría si de mis besos te contagio la forma del querer perder la cordura para que renuncies a todo por un momento pendiente que no logra brillarle la luz fría de la confidente luna, que me acompaña mientras tú estás tendida en las sábanas, sola, durmiente… bella. Así te encuentro esta noche en mi casa, en mi cabeza, riendo, jugando desnuda alrededor de mi sala, de mi cocina, en el patio y en cada rincón que grita “dónde estás”; y me exigen todos los recovecos de esta habitación que te traiga para que les des nombres e imprimas historias que se narren al ritmo cardiaco apresurado de mi respiración y de la tuya.
No quiero que te vayas de mi mente esta madrugada, y no quiero que todas estas imágenes se vayan como la lluvia se va por las coladeras de esta ciudad. Quiero que seas una estrella en el ancho universo para que te asomes y me vigiles todas las noches que no pueda tenerte cerca… y que no te encapote el cielo con sus nubes para que pueda saber que estás presente, aún cuando estés con otro, aún cuando tu sueño sea pesado y te robe de mí, de mis ideas y de mi pecho, de mis alas… estas alas que van contigo, hoy, para cobijarte con su plumaje hasta que el inconsciente haga de las suyas y te acomode en un sueño donde aventuras a ser la princesa encantada de mis cuentos, de mi vida, y de una historia que comparto con un tercero en discordia, que te avienta a mis brazos… ¿o será que yo te aventé a sus brazos por no atreverme en su tiempo…?
Necesito grabarte en la espalda un poema que he recogido al alba, y acomodar mis versos en los sitios donde sólo a mí se me haya ocurrido morder para dejar la huella jamás impresa por tus amores, y explorar con mi lengua lugares en tu cuerpo que aún no conozca por mis amoríos y desatados tropiezos. Esta noche, como podrás darte cuenta, me encuentro sórdido de tantas fotografías que aún no son tomadas, y de tantos deseos mundanos exquisitos de poder tocarte hasta que mueras para que pueda, entonces, bajar al inframundo por ti y te rescate con una caricia del infierno para que arda tu sangre cada minuto que la distancia nos separe como en esta noche nos encontramos.
Está por terminar la media noche… y ha vuelto a llover… está por terminar esta noche y no… no te dejo de ver.