lunes, 7 de enero de 2008

Profundo Carmesí

Más que todo al soñarlo... Casi nada después.



Roja entintada por un ruiseñor
construida por manos de artista
Dios quiso sus pétalos como manos
yo hago de ti mi última rosa…

Dios le hizo sus espinas
tú hiciste de ellas mi agonía
en el sueño prohibido de regalarte una…

Sólo una rosa envidia.

Permanecer contigo es mi promesa:

el vuelo nace a otras tierras
comando las raíces de tu belleza
descubierta eres por otros alquimistas
te dejaré ir como mariposa…

Dios hizo mariposas azules
el diablo hizo mi última rosa
fracturada tinta de mi manos negras
él quiso que así todo esto fuera.

La rosa…

Tu rosa…

nunca fue mía cuando fue cortada
sembrada destino y dinamar contigo
caigo rendido por ver la mariposa
posada morada en el borde de tus manos…

Las que fueron mías sin serlas
las que fueron tuyas las mías al lazarlas…

Como se laza un ramo de rosas rojas…

Mi órbita secó tus lágrimas
gotas de lluvia rociaron esa rosa…

Secas…

Cristalinas…

Una rosa recuerdo en tu memoria

¿qué fue de nuestra rosa?

Noche de rosas

Hoy hablé de ti:

Sólo un instante:
me sumerjo en tu abismo
en el polen de tu flor marchita
en la cadera de tu tiempo ingenuo
y muero en la herida de tu costado

sin convertirme en tu sangre…

un instante medieval cuarteado.

Te postras en la celosía
tocas mi ventana de aire
y te filtras como verano en mi cama:

Beso tu imagen etérea
dejo arranques mis pétalos con tu espina
me ahorcas con tu tallo bugambilia
recorro tus pistilos quimera…

Es sólo un instante…

Otra más de esas noches en tu ausencia…

Donde me pongo a jugar con tus demonios
me toman de las alas y cortan mi pluma

esta pluma que maldigo por haberte herido…

Fracturo mis manos por crearte un vacío.

Cada amanecer me acuesto en tus hojas
otoño muerto en un río frío me acuna
me cobija tu desesperado aliento enardecido
suelto tus brazos de ayer que se fueron contigo:

tiro de las raíces que rodean mi sueños
mientras te voy viendo en mis delirios
lirios de mi lago sostenido en mi arteria
mi sangre de rosas murió con tu canto sirena
en una de estas noches con la luna ciega
y he perdido tu silencio y tus laureles huellas…

Me he vuelto jardinero de orquídeas…

Te has convertido en flor desértica en mi pantano

un sueño distraído por el trazo antiguo
un par de huesos rotos de mi fortuna
flor de mayo sin primavera onírica
y aún así te veo plantada en cada maceta:

intento enterrarte en páginas de la tierra
roer cada semilla puesta en cada letra
dejar podrir los frutos edén de ti, mi Eva
y terminar erosionando con plantaciones tu presencia…

Tu presencia…

Génesis Maya donde recojo tu grano
amargo café de todas mis mañanas
mito clásico de jaguar negro extinto
me arrojé acucioso al filo de tu colmillo…

Voy siendo agricultor de orquídeas he dicho.

De esa manera podré sobrevivir a tu hoja amazónica
concretando palabras violadoras del instinto
congeladas al compás de tu flor de ocaso
para romperme los hombros si algún día te encuentro…

En cada instante de mis noches mensajera paloma
anido en las ramas de canciones absorbidas
salvajes sus ritmos cuando abriste en los jardines
el trino desolado agoniza desde tu partida.

Y sólo corté una rosa carmín en mi tumba
arrastrándome a ti fui perdiendo mis ropas
desnudo llegué una noche a tu carroza
esa calabaza que transporta mi alma

no he vuelto arar mis campos de tus semillas
pero tu rastro obliga a seguir cortando rosas
quiero un invernadero de orquídeas
pero la enredadera de tus flores aún me ahogan…

Caigo ave presa en tu jaula de espinas…

Muero culpa andariega de negra orquídea
tinta sangre aliento de vida
en otra noche, en una rosa
sigo esperando tu muerte en mis líneas.

jueves, 3 de enero de 2008

El Retorno



Ahogado en un mar de recuerdos
fui sacudiéndome los trozos del espejo
en un duelo con mis hombros
y mis ojos se iban deshaciendo;

me convertí en polvo
llevado por un soplo divino
puesto en el saco de Caronte
y después calcinado en la noche:

con pequeñas antorchas en mis labios
cayeron en pedazos sin tocar el suelo
suspendidos me he visto en mi tiempo
el reloj atoró en su garganta mis sueños.

Me puse en la lanza de una guerrera
en los colmillos de una vampiresa
en la garra de un jaguar…
Y todo se hizo fantasía cuando vi despierto:

En las altas llanuras de una montaña
he visto una estrella bajar del cielo
hirió con sus puntas mi alma
y me colocó en cinco lunas de lamento…

Rompiendo mis alas…

Robándome el fuego…

Sacando el diamante en mi pecho…

Picando mis espejos del aura…

Se provocó un enfermo silencio
que agusanaba oídos y pensamientos
y la tenencia de un siglo en invierno,
fracturado me acuné en ramas ajenas
fueron atravesando mis huesos
apolillado cuerpo decadente misterio…

Y me hice un hueco.

He tomado el tridente
me volví a forjar como hierro
en leña de pirul me fui enardeciendo
y ahora camino en la playa de siniestros:


montando un unicornio negro
voy pasando con la mirada en alto
no al cielo, no vaya a ser que él
una vez asomando su primera luz
me rapte con una estrella de nuevo.

Combatiré con astros blancos
secuestraré a la joven más bella
y daremos como nacimiento a otra
que sea capaz de crear otra leyenda…

Con su mirada medirá la templanza…

Con su brillo hará temblar a las selvas…

Con su fulgor romperá los cristales:

dignos rivales que marchitan las pieles
ácido se vuelven al ser enjugados
pero quien beba de ellas será su gloria
en estos valles agonizantes de ausencias.

Y me fui haciendo uno
juntando la cera de mi vela andrógina
en un momento de velo raído
me fui desgarrando el alma hasta que muriera:

Me senté con las manos en la cara
sonreía, maldecía y me volvía a la locura
apretaba mis puños y los dientes
mi mirada se perdía
pero el espíritu siempre sangrando
me recogía el rostro cuarteado
mientras limpiaba las heridas…

las yagas…

el alma acaecida…

mis manos marchitas.

Se hizo de metal mi cuerpo
frío, salado y vertido en dos caminos
desembocados cuesta arriba en un charco
mientras callada se ponía en rodillas
alentando el coraje de mi fuego extinto…

Solitaria ave andariega de desiertos
que miedoso me escondía en sus cenizas.