lunes, 17 de septiembre de 2018

Para siempre



Amarte para siempre
para mí es todavía...
Aún estando tú sola
y yo con un hijo en mano.

Aunque hayan pasado tantos años
y tantas manos que nos han acariciado
más los miles "te amo" que hemos escuchado

y otros recuerdos e historias
que empezaron con nosotros
y que terminaron sin ti.

Aún cuando otros sueños nos alcanzaron
y otros rumbos hemos tomado...
despertándome en tu olvido
besando tu último adiós

Yo te amo
para siempre

y todavía.

jueves, 30 de agosto de 2018

En mi vida (a los 35 años)



A mis 35 años puedo decir que he llegado a la mejor etapa de mi vida, y que no moriré pronto, pero tampoco quiero vivir tanto, sólo lo necesario para jugar con mis nietos si es que tengo la dicha de ser abuelo… y quizás así tenga ganas de vivir más tiempo.
Puedo decir que he vivido con intensidad, he escrito un libro y colaborado en otro, he plantado tres árboles y he tenido un hijo, al menos con el dicho popular he cumplido, escribiré otro libro, quizás tres más.
Me he licenciado en filosofía, tengo una especialidad, un puñado de diplomados de liderazgo y redacción, y tengo todo el ímpetu de terminar mi segunda carrera… quizás doctorarme antes de los 45, poner un consultorio, dar clases, trabajar en el negocio familiar y seguirle contando mis planes a Dios para que se siga riendo de ellos, porque hasta ahorita nada me ha salido conforme lo planeado, sino como se ha ido dando.
A mis 35 he sido editor en jefe de 13 revistas y he editado tres libros, y aunque fue un trabajo que disfruté con toda el alma, he abandonado el oficio porque aunque da mucho reconocimiento la paga es poca, lo que debo admitir es que mi última vez como editor amé lo que hacía.
La vida me ha dado tantos momentos de felicidad, puedo decir que me robaron tres besos y que yo robé diez, amanecí en 40 lugares distintos, que estuve decidido a casarme con alguien de cuyo nombre no quiero acordarme,  y que sólo una vez lo logré. Dejé de amar con pasión desbordada y mi amor se hizo inteligente, comprometido, educado, respetando la libertad de la otra persona, así es mi relación con mi bella esposa.
Puedo recordar diez momentos llenos de amor y treinta ataques de risa, he tenido que despedirme de mi mejor amigo, una compañera de borracheras, abuelas y un puñado de tíos, una persona murió en mis manos y otra más, mi hermano, me dejó abrazarlo a solas durante media hora antes de que otra persona supiera que se había quitado la vida.
Entre mis memorias tengo, por ejemplo, la única vez que mi padre me dijo “te quiero”, más de 50 noches que mi madre me esperó en la cocina para platicar de filosofía y teología (aunque yo no soy religioso ni me considere católico) después de mis largas jornadas académicas, 30 pláticas entrañables con uno de mis hermanos y el amargo momento del último adiós de mi hermano mayor. La familia ha sido para mí tan importante que cuando mi madre ya no quiso soportar más infidelidades de mi padre me mantuve neutral ante su divorcio, ahora a ambos los disfruto sin juzgar lo que hacen, aprendí a ser hijo desde que ahora soy padre.
He dejado en el camino a varios amigos con quienes tuve bellos instantes de felicidad, me emborraché hasta quedar inconsciente más de cien veces y he fumado hasta el amanecer con personas con quienes creí que la amistad duraría para siempre… pero siempre no.
Odié con toda el alma y amé hasta que se me desgarrara el alma a cinco personas, rompí ocho corazones y me lo partieron cuatro, mi lista de amigos se redujo de 70 a sólo uno, mi primo, hermano del alma. He leído apenas 300 libros, más de 300 cuentos y un sinfín de poemas… me doy cuenta que me falta tanto por aprender. Albergo en mi mente cientos de canciones y he disfrutado cantarlas en momentos de mayor tristeza y suprema alegría y pido de favor que si un día me han de enterrar sea con Wish you were here de Pink Floyd y Caruso con Luciano Pavarotti; no quiero que recen por mi alma, si hay un Dios que me juzgue que sea por toda las personas a quienes les brindé un poco de felicidad, más bien quiero que me honren cantando, porque la vida sin poesía y sin música es gris y turbia.
He visto a la vida nacer, la de mi hijo, quien me ha dado tantas lecciones de amor a sus dos años, le he podido contemplar su primera risa, su primera palabra, sus primeros pasos… también he visto a la vida madurar a lado de mi esposa, así como he visto morir suave y de golpe. Lo que han visto estos ojos han sido las causantes de tantas pesadillas y de tantas sonrisas cuando estoy solo, tumbado en una silla mientras me fumo un cigarro.
Pero si pudiera pedir un deseo, este sería volver a nacer para cometer las mismas irregularidades que cometí de joven y tantos aciertos que he tenido en mi vida adulta; quizás le modificaría el hecho de haber callado ante mi madre las infidelidades de mi padre, quizá debí acusar a mi agresor sexual lo que pasaba cuando mi padre no veía, puede que también me hubiera impuesto más ante las injusticias que vi tantas veces en la calle. Quizás debí ser más franco y más honesto, siento que me hicieron falta huevos para no pelearme por cualquier tontería. De las cosas que hubiera cambiado sería el de denunciar al que se supuso era mi “compadre”, y de esas cosas es mejor que no las confiese porque fui cómplice de tantas desventuras.
A los 35 años debí haber leído más, fumado menos, tomar más vino, decir más “te amo”, atenderme la epilepsia muchos años atrás, viajado a más playas, apreciar más arte, escribir más y llorar menos. Si tuviera la oportunidad de nacer de nuevo quizás lo tendría que hacer sin tantos remordimientos, perdonarme y evitar engordar, a lo mejor le añadiría hacer un poco más de ejercicio, también quitarle la pistola a mi hermano cuando tuve la oportunidad de hacerlo segundos antes de su suicidio… pero quizás eso no me hubiera forjado el carácter y el valor que tengo para encarar la vida que tantas veces me puso de rodillas.
Y a pesar de tantos “hubieras” agradezco con vehemencia el hecho de ahora disfrutar tanto mi paternidad, de estar con mi esposa todo el tiempo que ha demandado de mi cuidado, de ver a mi madre ser libre, de mirar a mi padre ahora como un amigo, de estar con mi hermano compartiendo diferentes experiencias, así como tantas otras con la familia de mi mujer.
Le agradezco a la vida que me mantenga vivo y lo suficientemente fuerte para ver cumplir mis metas poco a poco, una a una, y que pueda entender que la grandeza de un hombre no es en cuanto tiene, sino la plenitud con la que puede vivir siendo feliz con lo que ha hecho.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Calla la pluma



Ha callado mi pluma en estos últimos años, pero no ha sido coincidencia: de niño le escribía a mi madre agradeciendo sus cuidados y tierno amor, en mi adolescencia al primer amor y al devenir de la vida cuando murió el hermano mayor; ya en la juventud escribí versos a todas las musas que pasaban conmigo noches enteras, solitarias y románticas, le escribí tanto al amor y al desamor, al sufrimiento, a los sueños rotos y al dolor que se me olvidó escribir a la lluvia que moja las calles, a los atardeceres y a las playas que se tendieron bajo mis pies en noches de verano. Ahora que maduraron mis manos y mis convicciones son otras, dejé de sufrir por amor, me preocupa ahora el niño en el vientre de mi mujer… mi amada esposa que tan pocos versos le he escrito y quien ha sufrido y llorado conmigo mis penas, glorias, éxitos y fracasos… Es más fácil escribir cuando me abandonan que escribir a la comodidad de una caricia conocida, unos labios siempre dispuestos a los míos y a las noches de amor que provocaron la llegada de mi primer hijo.



Es más fácil hablar del infortunio de la noche en llamas
Las que dejaron mi alma en cenizas cuando rogaba que volvieran
Lamentaciones bíblicas caídas al infierno por mi pecado
Perforando mi pecho sangrante en las lunas sollozantes
De soles rojos que nunca vieron mi cuerpo tendido entre sus piernas

He podido regresar con propósito a mi elemento: la nostalgia corre fatua para ensoñarme… Pero sigue estando vacía la ovación a mi nueva vida, al hijo que crece, a mis trastornos mentales, a la esposa que soporta mi claudicante paso con tal paciencia que podría erigirle un monumento de cobre en el silencio de la habitación. La mirada de ella da calma y sosiego, su olor es tan ligero que huele a noche de invierno y café, en ella me completo como un niño bajo la falda de su madre que corre a ella cuando tiene miedo, mis miedos y pesadillas son capaces de volverme un infante que necesita protección de una mano divina, la mano de mi amada es el jardín secreto de mis fantasías cuando me toca y me lleva a recorrer los bosques húmedos del invierno. Ella me quita la amargura y oscurece mis cielos cuando se va, vivo en ella y por eso es que no le escribo, porque ya no sufro por amor, he dejado de querer salvar al amor desde que ella se encuentra conmigo, ya no araño las paredes ni me voy arrastrando por los suelos suplicando una noche más con ella, ella es mi noche y mi día, donde al atardecer nuestros labios se encuentran y juegan a ser uno por un instante.

He dejado de escribir porque la soledad dejó de ser mi compañera, desleal e infiel que me abandonó al saberse inútil, ahora la veo a veces por las calles simulando no conocerme, como si todas las noches que gozamos juntos fueran sólo una noche de amantes que se encuentran y se pierden para siempre.

Y sigo escribiendo poco a la naturaleza y a las cosas cotidianas que nos rodean:

Arde sol de otoño y quema las hojarascas que sostienen mi andar
Libérame de las cadenas del pasado y sacia con mi sudor la tierra
Me pongo de rodillas para que hagas de mi cuerpo tu alimento
Y te burles de mi cadáver cuando te ocultes detrás de los montes.

Soy un hombre decente, puedo escribir al sol, a la tierra y a mi amada, pero ¡qué poco he hablado del que me sigue! Mi hijo será un hombre más afortunado que yo, estoy seguro, mi hijo no sabrá de golpes, de traiciones a su madre y de familia rota por la infidelidad con amantes como lo tuve yo, y al igual que yo tendrá abuelos de los que tendrá vagos recuerdos, que existieron un día pero nada más, mi hijo es afortunado, tendrá un padre dedicado a su familia y al arte y a la literatura, quizás le guste, a lo mejor no, pero tendrá la opción de tomar sus decisiones por amor y no por miedo o por buscarse otra salida, el amor de mi hijo será formado con amor y no con autoridad, será más afortunado que yo.

Crece, retoño mío, que la tierra en la que tú creces es fértil
Anda y da los frutos más jugosos y dulces que con amor serás regado
Entierra tus raíces tan profundas que ni un huracán será capaz de quebrarte
Luego haz sombra donde los tuyos encuentren el mismo consuelo
Que tú habrás encontrado con tus padres.

Es difícil escribir cuando uno está enamorado de la vida, cuando ha dejado atrás las traiciones, las tristezas y soledades, mi pluma calla cuando uno ya no se embriaga por las noches y fuma sin parar mientras se inspira en la noche con algún recuerdo. No había encontrado una voz madura que escribiera sobre el amor verdadero: a la compañera de vida y al hijo frágil que dormirá en mis manos. Ese es el amor a mi esposa, no el arrebatado y visceral con el que uno ama en la adolescencia, sino aquél que se cultiva con dedicación y vocación de amar, de respetar al otro, con apertura y diálogo, fortaleciendo la confianza. Para lograrlo… seguiré teniendo vida para gastar con ella y con mi hijo que está por nacer, hasta ver que se haya vuelto un buen hombre sensible de su entorno... y aún así, mi labor terminará cuando cierre los ojos y me quede dormido en la perpetuidad del sueño de la vida.