viernes, 27 de diciembre de 2019

Hubiera




En el terreno de los “hubiera” me imagino la vida distinta a la que tengo ahorita. En ese “hubiera” te habría detenido cuando te vi cortar cartucho, quizá te hubiera hecho cambiar de opinión en ese momento, me habrías pedido que saliera de la habitación, te habrías arrepentido de tomar esa decisión, no hubieras jalado el gatillo, habrías salido de la recámara de mis padres, me habrías abrazado; la vida hubiera seguido su curso.
Quizá yo habría terminado la prepa a tiempo, me hubiera hecho publicista, tendría un trabajo mejor remunerado, o hubiéramos emprendido juntos; mi otro hermano seguiría con su curso firme como hasta ahora y con sus dos hijos, igual mis hermanas, mi madre, quizá, seguiría casada con mi papá… a lo mejor no.
En el terreno de los “hubiera” yo no habría estudiado filosofía buscando una respuesta al sentido de la vida, ni hubiera leído a Wittgenstein, Nietzsche, Platón, Sartre, Schopenhauer, y otros tantos con los que busqué respuestas a preguntas infinitas, no habría conocido a la chica que me presentó a mi esposa ni estaría disfrutando la paternidad como ahora lo hago con mi hijo.
Mi vida sería distinta, en definitivo, nos seguiríamos reuniendo y yo te admiraría como lo hace un niño a un padre, te hubiera seguido a donde fueras, te habría escuchado. Sería un borracho, no me habría dado cuenta de mi epilepsia, no me habría sometido a psicoterapias para mejorar mi vida, no me hubiera casado, estaría soltero, llenando un vacío difícil de llenar, y que ahora tengo satisfecho… con mi familia.
Mi familia, de no haberte ido, y de tener otra distinta a la que tengo, hubiera cometido los mismos errores de mi padre, traicionar a mi esposa, ser un irresponsable, vivir como me habría venido en gana sin tener un ápice de consciencia de que lo que hago o no, les afecta… la vida me valdría el mismo dinero imaginario con el que Mateo paga cuando vamos a la tienda. De haberte quedado sería una persona similar a ti, o quizás un poco peor.
Pienso en la vida que no hicimos juntos, me hubiera perdido de mucho intentando ser alguien distinto del que soy ahora, soy el producto de las historias de vida que me acompañan, los libros, las canciones que he escuchado solo, acompañado, amando, soy el producto de tu muerte, de un corazón roto, reparado, soy ese que en el terreno del hubiera opina que su vida sería distinta, quizás me hubiera ido yo antes que tú, quizá te habrías ido algunos años después y yo estaría sintiendo un vacío insoportable como el que viví cuando tenía 16 años; quizás tu mente te habría rebasado y estaríamos visitándote en algún psiquiátrico, llevándote flores a un hospital y no a la tumba; mi primer libro no habría sido de poemas, el segundo jamás sobre el amor, y el tercero no habría hablado sobre ti…
Sobre ti, y el terreno de los hubiera, estaríamos jugando ajedrez un sábado 28 de diciembre, me gusta pensarnos riendo con alguna copa de vino mientras fumamos, a lo mejor estaríamos alejados, pero prefiero pensar que mi madre, mi hermano y tú estaríamos juntos el 24 y el 31, porque mis recuerdos más agradables de ti ocurrieron esas fechas en la mesa junto a mi padre, y en aquella playa de Acapulco que nos vio por última vez reír y compartir como nunca.
Hoy me encuentro con mi hijo, escribiendo sobre ti, hoy te mandé decir una misa, mi hijo pagó, me hizo preguntas sobre quién es Saúl, el tío que sabe que tiene pero no conoce más que en fotos, acabo de curar su mano mientras escribía estas líneas, me pregunta qué hago en la computadora, se ha sentado en mis piernas un momento para observar hablar sobre ti…
No entiendo mucho aún sobre el sentido que tiene la vida, ni la filosofía ni la psicología existencialista me han sabido dar una respuesta que me deje tranquilo, dejé de buscar señales sobre si aún me cuidas o ya te has vuelto uno con el todo, o has reencarnado en alguien más, cercano a mí.
Este texto no es pensado para hablar sobre el sentido de la vida, es cierto, es para hablar del “hubiera”, hoy reflexiono que el sentido de mi vida viene a través de tu muerte, y pienso ahora que tuvo un sentido haberme quedado paralizado mientras te vi cortar cartucho, y cerraste la puerta, escuché el sonido hueco de la bala sobre tu cráneo, sin poder hacer nada, y a 20 años de lo sucedido ese sonido se hizo fantasma en mis sueños, te dejé matarte porque no se me ocurrió hacer otra cosa, porque me vi superado, y en ese terreno del hubiera, solté mi mano del cañón que te arrancó la vida…

20 años después.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Para siempre



Amarte para siempre
para mí es todavía...
Aún estando tú sola
y yo con un hijo en mano.

Aunque hayan pasado tantos años
y tantas manos que nos han acariciado
más los miles "te amo" que hemos escuchado

y otros recuerdos e historias
que empezaron con nosotros
y que terminaron sin ti.

Aún cuando otros sueños nos alcanzaron
y otros rumbos hemos tomado...
despertándome en tu olvido
besando tu último adiós

Yo te amo
para siempre

y todavía.

jueves, 30 de agosto de 2018

En mi vida (a los 35 años)



A mis 35 años puedo decir que he llegado a la mejor etapa de mi vida, y que no moriré pronto, pero tampoco quiero vivir tanto, sólo lo necesario para jugar con mis nietos si es que tengo la dicha de ser abuelo… y quizás así tenga ganas de vivir más tiempo.
Puedo decir que he vivido con intensidad, he escrito un libro y colaborado en otro, he plantado tres árboles y he tenido un hijo, al menos con el dicho popular he cumplido, escribiré otro libro, quizás tres más.
Me he licenciado en filosofía, tengo una especialidad, un puñado de diplomados de liderazgo y redacción, y tengo todo el ímpetu de terminar mi segunda carrera… quizás doctorarme antes de los 45, poner un consultorio, dar clases, trabajar en el negocio familiar y seguirle contando mis planes a Dios para que se siga riendo de ellos, porque hasta ahorita nada me ha salido conforme lo planeado, sino como se ha ido dando.
A mis 35 he sido editor en jefe de 13 revistas y he editado tres libros, y aunque fue un trabajo que disfruté con toda el alma, he abandonado el oficio porque aunque da mucho reconocimiento la paga es poca, lo que debo admitir es que mi última vez como editor amé lo que hacía.
La vida me ha dado tantos momentos de felicidad, puedo decir que me robaron tres besos y que yo robé diez, amanecí en 40 lugares distintos, que estuve decidido a casarme con alguien de cuyo nombre no quiero acordarme,  y que sólo una vez lo logré. Dejé de amar con pasión desbordada y mi amor se hizo inteligente, comprometido, educado, respetando la libertad de la otra persona, así es mi relación con mi bella esposa.
Puedo recordar diez momentos llenos de amor y treinta ataques de risa, he tenido que despedirme de mi mejor amigo, una compañera de borracheras, abuelas y un puñado de tíos, una persona murió en mis manos y otra más, mi hermano, me dejó abrazarlo a solas durante media hora antes de que otra persona supiera que se había quitado la vida.
Entre mis memorias tengo, por ejemplo, la única vez que mi padre me dijo “te quiero”, más de 50 noches que mi madre me esperó en la cocina para platicar de filosofía y teología (aunque yo no soy religioso ni me considere católico) después de mis largas jornadas académicas, 30 pláticas entrañables con uno de mis hermanos y el amargo momento del último adiós de mi hermano mayor. La familia ha sido para mí tan importante que cuando mi madre ya no quiso soportar más infidelidades de mi padre me mantuve neutral ante su divorcio, ahora a ambos los disfruto sin juzgar lo que hacen, aprendí a ser hijo desde que ahora soy padre.
He dejado en el camino a varios amigos con quienes tuve bellos instantes de felicidad, me emborraché hasta quedar inconsciente más de cien veces y he fumado hasta el amanecer con personas con quienes creí que la amistad duraría para siempre… pero siempre no.
Odié con toda el alma y amé hasta que se me desgarrara el alma a cinco personas, rompí ocho corazones y me lo partieron cuatro, mi lista de amigos se redujo de 70 a sólo uno, mi primo, hermano del alma. He leído apenas 300 libros, más de 300 cuentos y un sinfín de poemas… me doy cuenta que me falta tanto por aprender. Albergo en mi mente cientos de canciones y he disfrutado cantarlas en momentos de mayor tristeza y suprema alegría y pido de favor que si un día me han de enterrar sea con Wish you were here de Pink Floyd y Caruso con Luciano Pavarotti; no quiero que recen por mi alma, si hay un Dios que me juzgue que sea por toda las personas a quienes les brindé un poco de felicidad, más bien quiero que me honren cantando, porque la vida sin poesía y sin música es gris y turbia.
He visto a la vida nacer, la de mi hijo, quien me ha dado tantas lecciones de amor a sus dos años, le he podido contemplar su primera risa, su primera palabra, sus primeros pasos… también he visto a la vida madurar a lado de mi esposa, así como he visto morir suave y de golpe. Lo que han visto estos ojos han sido las causantes de tantas pesadillas y de tantas sonrisas cuando estoy solo, tumbado en una silla mientras me fumo un cigarro.
Pero si pudiera pedir un deseo, este sería volver a nacer para cometer las mismas irregularidades que cometí de joven y tantos aciertos que he tenido en mi vida adulta; quizás le modificaría el hecho de haber callado ante mi madre las infidelidades de mi padre, quizá debí acusar a mi agresor sexual lo que pasaba cuando mi padre no veía, puede que también me hubiera impuesto más ante las injusticias que vi tantas veces en la calle. Quizás debí ser más franco y más honesto, siento que me hicieron falta huevos para no pelearme por cualquier tontería. De las cosas que hubiera cambiado sería el de denunciar al que se supuso era mi “compadre”, y de esas cosas es mejor que no las confiese porque fui cómplice de tantas desventuras.
A los 35 años debí haber leído más, fumado menos, tomar más vino, decir más “te amo”, atenderme la epilepsia muchos años atrás, viajado a más playas, apreciar más arte, escribir más y llorar menos. Si tuviera la oportunidad de nacer de nuevo quizás lo tendría que hacer sin tantos remordimientos, perdonarme y evitar engordar, a lo mejor le añadiría hacer un poco más de ejercicio, también quitarle la pistola a mi hermano cuando tuve la oportunidad de hacerlo segundos antes de su suicidio… pero quizás eso no me hubiera forjado el carácter y el valor que tengo para encarar la vida que tantas veces me puso de rodillas.
Y a pesar de tantos “hubieras” agradezco con vehemencia el hecho de ahora disfrutar tanto mi paternidad, de estar con mi esposa todo el tiempo que ha demandado de mi cuidado, de ver a mi madre ser libre, de mirar a mi padre ahora como un amigo, de estar con mi hermano compartiendo diferentes experiencias, así como tantas otras con la familia de mi mujer.
Le agradezco a la vida que me mantenga vivo y lo suficientemente fuerte para ver cumplir mis metas poco a poco, una a una, y que pueda entender que la grandeza de un hombre no es en cuanto tiene, sino la plenitud con la que puede vivir siendo feliz con lo que ha hecho.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Calla la pluma



Ha callado mi pluma en estos últimos años, pero no ha sido coincidencia: de niño le escribía a mi madre agradeciendo sus cuidados y tierno amor, en mi adolescencia al primer amor y al devenir de la vida cuando murió el hermano mayor; ya en la juventud escribí versos a todas las musas que pasaban conmigo noches enteras, solitarias y románticas, le escribí tanto al amor y al desamor, al sufrimiento, a los sueños rotos y al dolor que se me olvidó escribir a la lluvia que moja las calles, a los atardeceres y a las playas que se tendieron bajo mis pies en noches de verano. Ahora que maduraron mis manos y mis convicciones son otras, dejé de sufrir por amor, me preocupa ahora el niño en el vientre de mi mujer… mi amada esposa que tan pocos versos le he escrito y quien ha sufrido y llorado conmigo mis penas, glorias, éxitos y fracasos… Es más fácil escribir cuando me abandonan que escribir a la comodidad de una caricia conocida, unos labios siempre dispuestos a los míos y a las noches de amor que provocaron la llegada de mi primer hijo.



Es más fácil hablar del infortunio de la noche en llamas
Las que dejaron mi alma en cenizas cuando rogaba que volvieran
Lamentaciones bíblicas caídas al infierno por mi pecado
Perforando mi pecho sangrante en las lunas sollozantes
De soles rojos que nunca vieron mi cuerpo tendido entre sus piernas

He podido regresar con propósito a mi elemento: la nostalgia corre fatua para ensoñarme… Pero sigue estando vacía la ovación a mi nueva vida, al hijo que crece, a mis trastornos mentales, a la esposa que soporta mi claudicante paso con tal paciencia que podría erigirle un monumento de cobre en el silencio de la habitación. La mirada de ella da calma y sosiego, su olor es tan ligero que huele a noche de invierno y café, en ella me completo como un niño bajo la falda de su madre que corre a ella cuando tiene miedo, mis miedos y pesadillas son capaces de volverme un infante que necesita protección de una mano divina, la mano de mi amada es el jardín secreto de mis fantasías cuando me toca y me lleva a recorrer los bosques húmedos del invierno. Ella me quita la amargura y oscurece mis cielos cuando se va, vivo en ella y por eso es que no le escribo, porque ya no sufro por amor, he dejado de querer salvar al amor desde que ella se encuentra conmigo, ya no araño las paredes ni me voy arrastrando por los suelos suplicando una noche más con ella, ella es mi noche y mi día, donde al atardecer nuestros labios se encuentran y juegan a ser uno por un instante.

He dejado de escribir porque la soledad dejó de ser mi compañera, desleal e infiel que me abandonó al saberse inútil, ahora la veo a veces por las calles simulando no conocerme, como si todas las noches que gozamos juntos fueran sólo una noche de amantes que se encuentran y se pierden para siempre.

Y sigo escribiendo poco a la naturaleza y a las cosas cotidianas que nos rodean:

Arde sol de otoño y quema las hojarascas que sostienen mi andar
Libérame de las cadenas del pasado y sacia con mi sudor la tierra
Me pongo de rodillas para que hagas de mi cuerpo tu alimento
Y te burles de mi cadáver cuando te ocultes detrás de los montes.

Soy un hombre decente, puedo escribir al sol, a la tierra y a mi amada, pero ¡qué poco he hablado del que me sigue! Mi hijo será un hombre más afortunado que yo, estoy seguro, mi hijo no sabrá de golpes, de traiciones a su madre y de familia rota por la infidelidad con amantes como lo tuve yo, y al igual que yo tendrá abuelos de los que tendrá vagos recuerdos, que existieron un día pero nada más, mi hijo es afortunado, tendrá un padre dedicado a su familia y al arte y a la literatura, quizás le guste, a lo mejor no, pero tendrá la opción de tomar sus decisiones por amor y no por miedo o por buscarse otra salida, el amor de mi hijo será formado con amor y no con autoridad, será más afortunado que yo.

Crece, retoño mío, que la tierra en la que tú creces es fértil
Anda y da los frutos más jugosos y dulces que con amor serás regado
Entierra tus raíces tan profundas que ni un huracán será capaz de quebrarte
Luego haz sombra donde los tuyos encuentren el mismo consuelo
Que tú habrás encontrado con tus padres.

Es difícil escribir cuando uno está enamorado de la vida, cuando ha dejado atrás las traiciones, las tristezas y soledades, mi pluma calla cuando uno ya no se embriaga por las noches y fuma sin parar mientras se inspira en la noche con algún recuerdo. No había encontrado una voz madura que escribiera sobre el amor verdadero: a la compañera de vida y al hijo frágil que dormirá en mis manos. Ese es el amor a mi esposa, no el arrebatado y visceral con el que uno ama en la adolescencia, sino aquél que se cultiva con dedicación y vocación de amar, de respetar al otro, con apertura y diálogo, fortaleciendo la confianza. Para lograrlo… seguiré teniendo vida para gastar con ella y con mi hijo que está por nacer, hasta ver que se haya vuelto un buen hombre sensible de su entorno... y aún así, mi labor terminará cuando cierre los ojos y me quede dormido en la perpetuidad del sueño de la vida.


viernes, 8 de enero de 2016

Noche de invierno


Si pudiera decirte que te he encontrado
tendida en mi cama esta noche de invierno
cuando el frío galopa sobre las llanuras
de tu presencia vacía.

Si lograra detener tu historia esta mañana
antes de retener tu partida,
no andarías descalza cortando tus pies
con los filos de mis lágrimas,
no andarías desnuda por el valle
de mis tallos de espinas
y no estaría lamiendo la sangre
de tu rastro mientras huyes a escondidas
dejándome un beso prometiendo regresar.

Encadeno mi cintura a tu vientre
mientras sudo la agonía de mi voz perdida
en el eco de las paredes y la habitación obscura.
Arrastro las cadenas durante el insomnio perpetuo
que me devora en la fantasía de querer salir
pordiosero de sueños mendingando una palabra de amor tuya.

Hacerte tan mía en el pecado de vivir
mientras pago con pesadillas tus ilusiones
de permanecer conmigo toda la vida.
He roto mis puños en las horas amargas de tu partida
y he destrozado mis costillas con las respiraciones
para darte un soplo de vida,
donde cada beso dado trae un aire de inmortalidad

para que tus raíces se sostengan en las sábanas
donde me envuelvo cada mañana
al primer rayo de sol asomado entre las persianas.
Como yo entre tus piernas en esta noche de invierno
que se quiebra en pedazos de hielo
por los que transito llevado por el deseo de mi instinto…

mi instinto es arrojar un puñado de sal
a la memoria viva de saberte más de quinientas noches sobre mí,
sobre la lápida de heridas consumidas con tu fuego
que abrasa mi garganta,
te amo con la levedad de una pluma que cae del cielo,
pero enardeces mi furia y la domas como jinete del infierno
anunciando el final de mis días.

Azótame cincuenta veces y repite mi nombre
para que no te olvide,
araña mi espalda hasta perforar mis pulmones
y respires a través de mí.
Mengua esta noche de invierno
y me colgaré de ti hasta que muera nuestra historia…

Hasta que muera el sol.

lunes, 27 de octubre de 2014

Mujer independiente


Te amo por ser independiente, por tu lucha, tu carácter, por lo que no sabes e investigas, preguntas y confrontas, te abres al diálogo y propones alternativas para salir avante aún en los momentos obscuros donde un día parece una película de drama o tragedia. Te amo por quedarte callada, por expresar tus emociones, tus sueños, por no ahogar tus lágrimas y reír hasta que el llanto brote por no contenerte e implotar en silencio.
Te amo porque no tengo nada que decirte, amo tu fragilidad, tu presencia, tu caminar rígido, decidido, por saber pedir ayuda y tender tu mano si alguien la necesita, porque inspiras a unos y te admiran otros.
Amo tu perseverancia, la constancia de luchar hasta obtener lo que quieres, lo que te gusta y no abortar con rapidez cuando escuchas un no, te amo por ser ejemplo de mujer independiente, de bélica hermosura y aguerrida templanza.
Te amo porque tengo opción de no hacerlo, te amo libre, sin ataduras o desconfianza; te amo por saberte tan mía que no existe duda de que tu sexo es sólo mío… tu sexo, esa inagotable fuente de bendición que me trajo a casarte contigo, no tienes problemas en tus antojos y accesos de saberte mujer plena, con plena conciencia de lo que te gusta y no, amo que tus límites son los que tú misma te pones y que te interesa o no rebasar, amo que no hay quien pueda disuadirte de tus orgasmos y satisfacciones, por detenerte al encontrarte abusada y liberarte al saberte amada.
No podría amar a una mujer que no es independiente, por eso te amo, porque no me necesitas, porque tienes opciones, por permanecer y entregarte, por comprometerte y jurar hasta la muerte que conmigo a la tumba irás y quizás al más allá.
Te amo porque no conoces el límite del amor, porque no te interesa encontrarlo y porque te descubres que puedes dar más, porque retas mi intelecto y desafías mis experiencias, porque hablas, hablas y gritas si necesitas que te ponga atención, porque exiges sin esperar lo mismo, porque te sabes lista y con derechos de no pedir, de pedir por favor; porque agradeces y eres reflexiva, por saber lo que quieres y lo que no, porque eres inquisitiva con mis fallos y me orientas para no repetir aún en mi necedad, aun cuando yo como hombre viva en un eterno recreo de mi niñez atrasada; te amo porque al leer esto sabrás que es para ti, mi mujer independiente, mi amante y amiga, tú… mi compañera de viaje, mi hermosa esposa.

lunes, 24 de marzo de 2014

Mis días sin ti













He aprendido a vivir sin ti
a jugarme la vida en el silencio
de mi soledad y tu ausencia.

He aprendido a vivir sin ti
a no dolerme tu rechazo
ni mi partida,

aprendí a violar mis palabras
hacerme dueño de lo que digo
a callar

vivir otros 30 años sin ti
ahora parece más sencillo.

He aprendido a vivir sin ti
a recorrer tus calles sin seguirte
a emborracharme sin preguntar por ti

Más de 30 noches te he extrañado

en ellas cuento las sombras
que trajo el fracaso de un amor…

Y así he aprendido a lidiar con tu ausencia
a tejer futuros lejanos
mientras me desvanezco con el tiempo.

No estoy acostumbrado aún:
Esperar en casa y no verte entrar,
no estoy acostumbrado aún
a girar en la cama y no sentirte desnuda
no estoy acostumbrado aún
a que no seas lo primero y último que vea

Pero he aprendido a vivir sin ti
a levantarme cada día y no despertarte…
a platicarme mi día
a salvarme

He podido ya vivir sin ti
emprendiendo el camino de regreso a casa... 
esta casa que nunca será la tuya.

miércoles, 17 de abril de 2013

De cara a la luna


A contra luz me he puesto
A que me pierdas en el camino
Donde la sombra oculte mi presencia

No me culpes por haberme ido…

La noche caerá mañana
Y otras lunas te verán amar
Otras manos
Los hijos tuyos no míos

Después vendrá el sol
Con él sus baños dorados
De sonrisas en otros brazos

Déjame ir, te pido

Suéltame de tu memoria
Ponme en tu caja del olvido
Vacíame en un vaso de tequila
Bébeme hasta suspenderte en el sueño
En alguno donde me hayas visto
Y despídete…

Déjame un beso en la carta que no me diste
En el discurso profético del estar juntos
En la memoria sagrada del primer amor

Vuela, amor mío, donde no alcance a recordarte
Vete cantando la canción que no aprendimos
En los viajes que no nos verán pasar

Enciérrame en una lágrima que no enjugue
Y no me recojas con tu mano
Déjame ir al suelo
Donde la lluvia limpie mi rastro
Mi sudor
Mi verso
Mi tú conmigo

Luego en la noche prende un cigarro
Permíteme consumirme en el viento
Borrándome de tu brillo al verme…
Y cierra, cierra las ventanas
De cara esta noche a la luna.

Ciudad de fantasmas

http://www.youtube.com/watch?v=z6Q3JjtRrq4

Este es el segundo corto, espero les agrade.

martes, 8 de enero de 2013

La indiferencia


Quizás sólo estoy perdido
Quizás me hagas tanta falta
Que comienzo a sentirme solo

Mientras fumo un cigarro contigo

Por las noches y las tardes
Encarnados a media luz

Soltándonos en cada beso
Hasta escondernos
Hasta morirnos…

Llorándonos mis palabras
Tan carentes de sentido
Borrando nuestra historia
De las páginas de tu vida
De los libros de mi filosofía

Y borrando los trazos sobre tu lienzo
Ese manto blanco donde
Pasee mis pinceles
Delimitando tu cuerpo
Poniendo fronteras entre lo mágico
Y lo divino.

Creo que lo perdido es mi razón
O peor aún… mi locura
Sostenida en mi lengua desafiante
Profunda, masoquista.

Esta lengua que a veces recuerda
Aquél verso que se adhirió a mí esa noche
Como cualquier otra, de cigarros
Y malas aventuras:

“Solos, solos, llorando la hermosa vida”.

Es quizás…
Sólo quizás…
Que los años me dan la vuelta
Agrietando mi frente
Abandonándome en la indiferencia.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Cena para tres (mi vida contigo)


Este es mi primer corto interactivo, nacido del cuento de hace unos años titulado "Cena para tres"; es una adaptación, espero lo disfruten y les guste.
Si quieren ver la otra historia, denle clic cuando aparezca la palabra "Sol", o bien, déjenlo correr.
http://www.youtube.com/watch?v=xHaYkR_HdHU

Este es mi primer cortometraje, aún me falta mucho por mejorar, pero eso irá sucediendo... no será el último.

domingo, 25 de noviembre de 2012

25 Aniversario de Kasbek


No es casualidad que más de 280 guerreros se dieran cita en el campo de batalla. Regresaron viejas leyendas y antiguos héroes que forjaron 25 años de historia, extrañando a quienes ahora nos vigilan desde el cielo;  todos ellos desempolvaron sus armaduras para teñirlas con valor y entrega, olvidando por un día entero su individualidad para destacar la importancia de cazar en grupo, de estar unidos y rememorando a los viejos espíritus desde el interior.
Escuadras como Dakotas, Incas y Seris se hicieron presentes, dejando de lado el mito de su existencia para recordarles a quienes les siguen detrás, que ellos tienen rostro, nombres e identidad; que no son fantasmas, que antes de ser olvidados sus escuadras gritaron tan fuerte que hacen eco en el presente, donde curiosos y conocedores se acercaron para escuchar las anécdotas de guerreros cuyas historias aún se cuentan en campamentos.
Otras escuadras como Yaquis, Ashantis y Francos dieron cátedra del por qué son grandes, Delawers, Celtas y Sajones, nos dijeron por qué ahora son ellos quienes mandan. Samuráis, Mohicanos, Highlanders y Bretones enseñaron su forma de imponerse. Y los que me faltan por nombrar que también van fraguando la solidez del escuadrón Kasbek, son igual de importantes hasta el punto de alimentar esta llama que sigue viva y ardiendo tan feroz que es imposible se consuma.
Sus almas hacen que sus corazones sean de caballeros, de sangre noble. Ellos, que no necesitan ser gigantes para ser reconocidos como fuertes guerreros, escribieron y escriben sus propias historias, llenas de hazañas, hechas a puño y letra de dioses griegos, impresas con sangre, coraje y sudor de saberse vivos dentro del terreno donde se siembra comunión y se cosecha integridad. El Olimpo, señores, quedó opacado la tarde del 25 aniversario del escuadrón Kasbek, donde hombres lucharon como poetas y se ganaron un lugar en nuestros corazones.


Por un ideal… ¡se vive, se lucha, se triunfa!
Seris  

lunes, 29 de octubre de 2012

Generación X


Soy de la generación que aún tuvo una infancia libre de celulares, de cuando la ciudad era segura y se podía jugar a los 7 años con los vecinos sin la vigilancia de los padres y nos llamaban a “grito pelado”: “ya métete”. Soy de la generación que se levantaba a las siete de la mañana los domingos para ver los Caballeros del Zodiaco, y las caricaturas aún abordaban cuentos clásicos con la compañía instrumental de grandes maestros de la música.
Soy de la generación que aún vio Logo Writer y usó la tortuguita para aprender a hacer comandos de programación. También de cuando los maestros aún tenían el poder y regañaban sin temor de ser reprendidos por los padres o demandados por los mismos. Soy de la generación que aún creía en lo que sus padres decían y no lo comprobaba en Google; de cuando las tareas eran trabajos de investigación en libros y el “copy-paste” se hacía si se compraba una monografía o biografía. De la generación que compraron casetes y discos LP, que vieron nacer el “punchis punchis”… de cuando los discos y los grupos hacían aún álbumes temáticos.
Mis contemporáneos saben cuáles fueron los “tazos” originales, los “pepcilindros”, y probamos las riquísimas hamburguesas del Burguerboy y los helados Tomboy, para los fresas el Bing. Soy de esa generación que vio los Thundercats, Halcones Galácticos y He-man. Recuerdo ser un niño cuyo único pecado era hacer travesuras y prefería jugar a “las atrapadas”, “las traes” y “cebollitas”; y no andábamos simulando un “perreo” con nuestras compañeritas. Gracias a esa inocencia es que a esta edad sabemos el secreto que guarda un rincón obscuro del primer beso y salir sonrojados porque sólo fue un beso robado.
Soy de esa generación a quienes nos rompían el hocico si nos escuchaban nuestros padres decir una grosería que se escapaba por el uso cotidiano con los amigos, y respetábamos si los adultos estaban hablando: sólo una mirada bastaba para mandarnos callar… Soy de esa generación a quienes todavía alcanzamos a adquirir un poco de principios y que hoy por hoy suenan de nuevo las palabras de nuestros padres.
Mi generación es distinta, estamos en la frontera entre las enseñanzas viejas y el indómito carácter de la rebeldía de la depravación de las nuevas; nuestras canciones aún poseen algo de poesía en su rock, en las baladas, y no hablan tanto de “metérsela duro”, aún guardamos ese romanticismo confundido entre el amor y el sexo.
Empero, esta generación que ha visto quebrar los valores que nos enseñaron, somos los mismos que estamos teniendo y educando hijos o sobrinos, qué mundo dejarles para que no estén perdidos sin identidad, qué estamos haciendo para lograr el exacto sincretismo entre dos mundos que ya no se tocan: estamos en medio de ellos, de esos que descubren un mundo nuevo con la tecnología y los que nacen ya con un aparato en la mano, dependiendo totalmente de eso, sintiéndose desnudos si olvidan sus teléfonos; aún soy de la generación que hacía valer la palabra si se quedaba de acuerdo una semana antes algún encuentro sin necesidad de confirmar… ahora es más sencillo romper las promesas. Soy de esa generación que aún prefiere comprar un libro que bajarlo por internet, que prefiere consultar un diccionario que un poderoso buscador, que sabe a qué huelen los libros de nuestros abuelos, y estos son conocidos porque leyeron un montón y nos sorprenden con todo el conocimiento literario y de vida…
Escribo esto en honor a un contemporáneo que se nos ha adelantado, y su pronta partida precisamente me hizo recordar la infancia que como generación tuvimos, me hizo revalorizar la vida a la que le hemos llenado de significado genuino, entre la inocencia y la diablura que esta generación tiene por encontrarse en el límite.
No vengo hablarles del dolor que se alberga al perder a un hermano, amigo, etc., vengo a platicarles a quienes nos siguen detrás y quienes están delante que nuestra generación es tan bella que buscamos pretextos para reunirnos y seguir riendo con los recuerdos de las pequeñas travesuras que parieron nuestras sonrisas al recordar a una estrella que, caracterizada por buen humor y broma desde que fuimos niños, pasa a vigilarnos para seguir riendo de nuestros pasos.

Tus compañeros y amigos del Morelos te recordaremos siempre por tu sonrisa.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Motivos para celebrar


Me dicen que “no hay nada que celebrar”, que esto es sólo un pretexto para ponerse “pedo” y juntarse con la “bandera” y los “carnazas” de “coraza”; que este sitio está mal porque somos unos “agachones” que aceptamos un gobierno corrupto que le roba a su gente, que permitimos el conformismo y que tenemos una pésima conciencia histórica.
Y puede que haya cierta razón en eso que pregonan, sin embargo, no celebro al gobierno de México o al narcotráfico que amedrentan a los ciudadanos, sino a mi país, a la gente mejor que yo y a las bellezas naturales que guarda dentro de sus límites geográficos, a su gente que es la mía, que corea en los estadios y grita “puto” al equipo contrario, a la que se “rompe la madre” y “se soba el lomo” o “persigue la chuleta” para ver crecer y dar mejor vida a sus hijos; le festejo a la tierra que ha dado como fruto riqueza prehispánica, a los grandes pensadores de talla internacional que han aportado cosas importantes al mundo, desde perspectivas filosóficas y literarias hasta aportaciones científicas como el anticonceptivo en pastillas.
Le celebro a la patria que me ha dado una madre de corazón noble; y es que a la “jefa” en México se le respeta, nadie debe meterse o insultar a la madre del “otro”, ni a la virgen María ni a nuestras patronas que nos “sonaban” a madrazos limpios. Esas madres que hasta se agarran a “vergazos” si ofenden a sus hijos.
Celebro a la tierra que se regocija al son de la guitarra del mariachi y de los tríos, de su rock nacional y con el pop para el fresa. Celebro a la gente tan unida que intenta hacer de este país un lugar mejor, esos quienes entregan más de media vida a labores altruistas, desde el rescate de perros hasta apoyo a comunidades indígenas que no están cerca de las grandes ciudades. Celebro a los hijos mexicanos que se levantan temprano a “chambear” para barrer las calles y bolear zapatos y también por lo que estamos pegados a la silla frente al escritorio, sin olvidar a los pequeños empresarios que generan empleos.
Celebro a los pequeños que nos arrancan sonrisas y a los deportistas que con su gran pasión nos trajeron medallas en los pasados Juegos Olímpicos… pero brindo por aquellos que estando carentes de algunos de los miembros del cuerpo, demostraron tener una fortaleza superior que la mayoría de los habitantes de México y de quienes los gobernantes deberían aprender para representarnos de forma digna.
Celebro porque, viviendo un tiempo en otro país, me di cuenta de lo que había dejado atrás y por eso regreso, por la picardía y folklor de nuestro lenguaje, por la sabrosa destreza culinaria de “doña lupe” y su habilidad con las manos para hacer tortillas y disfrutar de las ricas “quecas” de la esquina; porque aquí los amigos se juntan para “persignar el piso” y bailar una buena salsa, quebradita o menearse al ritmo de la banda; aquí en mi país el significado de “identidad nacional” adquiere colores que se mezclan con el rosa mexicano y el sincretismo confundido con la herencia española. Porque estando lejos de mi país supe que era extrañar “echar la chela” y la cantada al final, abrazados y llorando a nuestros amores. Porque en México sí se lucha con pasión, y se juega el “fucho” en las calles como si fuera el partido que definirá sus vidas. En México las asperezas entre amigos se curan con tequila, también las penas si se entonan las canciones de José Alfredo, José José, “Juanga” y “Chente”… pero sobre todo, porque somos personas que “saltamos” para defender a nuestros “compas”. Estando lejos de mi tierra, revaloré el ser mexicano; porque los extranjeros saben que somos pulcros, alegres y siempre amables, ellos ven en nosotros grandes inventores que se valen por sí mismos para “arreglárnosla” para “calmar el pedo” si es necesario.
No celebro a mis mediocres gobernantes o a los sanguinarios narcotraficantes, reitero; celebro a mi gente que a pesar de ser pisoteada y decepcionada, le siguen “echando ganas”, no se rinden; porque en las pasadas elecciones se unieron e invitaban unos a otros a mejorar el ejercicio político, y aunque “nos la metieron” de todas formas, demostramos que unidos podemos hacernos escuchar; sí, sé que aún nos falta mucho como nación y que debemos aprender que el poder es del pueblo y no de los ladrones en los asientos de las cámaras y la silla presidencial, pero ahora sabemos que somos mucho México para ellos; por eso le celebro a este país, que me ha dado la vida y el orgullo de sentirme mexicano.

Ser mexicano, es sinónimo de ser “chingón”; y esta palabra sólo puede ser entendida si se es de aquí, de nuestro querido México.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Por ti... por ustedes


Me gusta haber nacido un día después del aniversario de mis padres: y cantar “my way”, de Frank Sinatra, a solas y a todo pulmón al punto de las 12 del 31 de agosto. Me gusta caminar largas horas cuando tengo uno de esos días que parecen de película, cuando se siente que el mundo conspiró en tu contra para hacerte sentir la caricia del infierno.
Me gusta recordar los secretos de mi infancia, y reírme de las maldades que hice; me gusta ver a los que un día fueron mis mejores amigos (as) para rememorar nuestras aventuras y travesuras durante la estancia en el colegio. Me gusta saberme un hombre que reconoce su pasado y que no se arrepiente de lo vivido, pero me gusta más saber el hombre en quien me estoy convirtiendo; me gusta ser despertado por mi madre, y que me dé un abrazo acompañado de un beso en la cama el día de mi cumpleaños; me gusta pasar los domingos por la cocina para degustar el aroma de lo que cocina mi madre, y robarle unos trozos de lo que guisa y ser regañado por ladrón de comida. Me gusta acabarme los postres que hornea mi madre y hacerla repelar y terminar riendo; me gusta saber que ella es más mi amiga, y me gusta quedarme horas platicando por las noches, o que se me haga tarde para ir al trabajo por estar chismeando durante el desayuno.
Me gusta “pistear” con mi hermano, contar nuestras vivencias de la violencia de mi padre, los fantasmas escondidos en nuestra primera casa, en la segunda, y saber que hasta la fecha contamos totalmente el uno con el otro. Me gusta salir con los primos, y terminar enamorándome de sus amigas aunque sea sólo por una noche. Me gusta robar besos y salirme con la mía; salir en la madrugada o ya en la mañana con la ancha sonrisa de haber estado sumergido en un par piernas que han hurtado mi inocencia. Me gusta que me digan “te extraño”, “me haces falta”, “te amo”, “nunca te vayas” con sus miradas perdidas en mis labios y en mis ojos.
Me gusta llegar a las fiestas solo y salir acompañado o con algún número telefónico recién guardado en mi celular; me gusta que me dejen mensajes provocativos en mi red social. Me gusta que me rompan el corazón y llorar amargamente mientras escucho las canciones con las que identifico ese amorío, pero me gusta más cuando el adiós es un acuerdo común y soltar sin mayor reproche y engaño.
Me gustan los sábados que voy a tomar clases de tanatología, y me gusta más dar clases de “aspectos filosóficos de la muerte”, en esos días donde los invito a pensarse y reflexionarse de cómo han vivido su vida y no así su muerte. Me gusta ahora el ritmo de vida que tengo: salir de pisa del trabajo para llegar a la especialidad, la plática nocturna con mi nueva amiga, llegar a la casa y servirme una coca con muchos hielos y encender un cigarrito antes de dormir. Me gusta tirar sabrosísimo la flojera los domingos en casa, y sentir el agua tibia de la ducha, dormir unas dos horas por la tarde y ponerme a chismear con la banda, ya entrada la noche. Me gusta el helado… no, me gusta mucho el helado, y comer un litro entero mientras veo una película que me emociona aunque la haya visto 50 veces. Me gusta cultivar rosas y tréboles, cuidar a mis peces y alimentarlos, verlos cazar charalitos y también acariciar a mis tortugas.
Me gustan las tardes o las noches que revientan al ritmo de la cantada y las cervezas, me gusta desvelarme bailando o teniendo una riquísima plática con vino de por medio. Me gusta tener a mi familia reunida y jugar con mis sobrinos, platicar con quien ahora es toda una mujer, y más sentirme orgulloso de ella. Me gusta comprarle cosas a mi sobrino y más construirle guaridas donde pueda tener las fiestas más alocadas en confidencia con sus peluches; me gusta cargar al más pequeño y que me jale la barba o juegue con los vellos de mi pecho.
Me gustan las noches en que una mujer se queda dormida plácidamente en mi torso desnudo, acariciar su cabello, y que me sorprendan con más de un beso que provoque el estallido del pecado premarital. Me gustan mis tardes de soledad en la pirámide del cerro de la estrella y llenarme los pulmones con aire, liberarme, sentir que respiro, que estoy vivo para ver cómo se ilumina la ciudad poco a poco.
Me gustan esos momentos de inspiración que días como hoy me sientan a escribir; me gustan las frases que se me ocurren dentro del camión y olvidarlos porque no tuve la oportunidad de poder grabarlas. Me gusta contar historias donde no hay finales felices y me gusta hablar más del desamor porque del amor nada se sabe. Me gusta el drama aunque repudio las escenas en público, me gusta el arrebato aunque sea una persona sobria, me gusta hacer tonterías y terminar con cara de pillo por mis ocurrencias. Me gusta pasarme las horas arreglando mi barba y eligiendo mi ropa, llegar como amo de la noche a las reuniones y ser impuntual porque me estuve arreglando para esa persona… para que al final de la jornada me arrebate un beso y nos arranquemos las ropas. Me gustan las libélulas, y saber que me han dedicado una novela, cuentos y muchos poemas que han sido publicados, o que sólo soy yo el lector. Me gusta el poema “Los amorosos” de Jaime Sabines, y me gusta que viejos amores me hablen sólo para ponerme una canción o porque sólo se acordaron mucho de este servidor. Me gusta que en mi proyecto de vida estén incluidas las labores altruistas… y que no sólo se queden en meros deseos de querer ayudar. Me gusta tener espacios de creatividad donde pinto en lienzos y en la pared historias de mi vida o sueños. Me gusta mucho mi trabajo, realmente disfruto lo que hago para ganarme el sustento y saber que estoy dedicándome a lo que de adolescente quería ser, pero amo el hecho de que con ese fruto destine una parte del dinero ganado para que un niño nacido en precarias circunstancias tenga servicios dentales, médicos y escolares; esto realmente lo creo una aportación y decirle a la vida “gracias por lo que me has dado”.  

Gracias a todos por darme más de cinco mil visitas a este espacio donde escribo, porque lo hago con las vísceras y sin limitaciones o autocensura.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Más allá del bien y del mal


A mis 29 he podido aprender que…

…no importan que tantas penas pases, tu familia no te abandona.
…no hay mayor éxito ni mejor negocio que aquel donde se termina contento.
… siempre habrá más de uno que quiera joderte la vida, o verte llorar, pero siempre tendrás a tu lado una persona que estará dispuesta a dar su vida (gracias, mamá).
…no importa cuánto hayas peleado con tu hermano cuando eres niño, a estas alturas uno obtiene a su mejor amigo y confidente (te amo, Samuel).
…si llegas sin hijos a esta edad, tienes sobrinos a quienes les puedes enseñar como si uno fuera su padre.
…si el infortunio te sonríe, lo mejor es devolverle la sonrisa, y luego reírte con él.
…a tus mejores amigos no les importa ni el tiempo o la distancia, siempre contarás con ellos en tus fracasos… pero más en tus glorias.
…tus primos son hermanos, y aún cuando el largo velo del tiempo te arrebate a tus amigos, con ellos envejecerás (Ana, Carlos, los amo).
…amores vienen, y otros tantos se van, pero siempre habrá uno, o quizás dos, a lo mejor tres, que siempre desearán tu felicidad aunque ya no puedan estar contigo.
…se vuelve más importante estar con las personas que te quieren, aunque sean pocas, que estar con aquellas a quienes les eres indiferente y son muchas.
…siempre hay tiempo para amar y para tomarse un café con un viejo amigo (a).
…la cama no sólo sirve para soñar, tener sexo o llorar, también sirve para compartir y conocer el verdadero significado de la intimidad.
…si no se perdona con el corazón, no es perdón en realidad.
…se debe trabajar para vivir, no vivir para trabajar.
…no existe tal cosa de la “media naranja”, para amar y entregarse hace falta que uno esté completo y que la otra persona también se sienta así.
…es más satisfactorio estar con una mujer que estar con una princesa.
…lo que no mata a uno, no lo hace más fuerte, sino más extraño y más duro.
…no hay mayor dependencia que el buscar la libertad.
…muchos se esmeran en querer hablar, pero muy pocos en querer escuchar.
…el hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras y promesas.
…es más fácil romper una promesa que hacerla.
…los momentos más bonitos, son aquellos en compañía del silencio.
…la “verdad” está sobrevaluada, y es tan relativa como la “mentira” o la “omisión”.
…no es mejor amante quien está con muchas, sino quien se concentra en una sola.
…arrepentirse de su historia, es negar lo que le lleva a estar aquí y no desprenderse de su pasado.
…no hay mayor ambición que aquella que supera a la obtención de bienes materiales.
…las palabras se las lleva el viento si no están sostenidas por hechos.
…las renuncias son elecciones a un amplio abanico de posibilidades y otras complicaciones.
…el idealismo es el último lujo de la juventud, pero eso no significa que se debe dejar de luchar por lo que se quiere conforme vas creciendo.
…la muerte sólo es el descanso de la vida, no una pérdida o despedida.
…el racismo sólo es una forma de criticar tus propias carencias o debilidades.
…no hay mayor placer que compartir tu riqueza con quienes han nacido en condiciones menos afortunadas que la tuya.
…no se actúa para que la gente note tu presencia, sino para que se haga sentir tu ausencia.
…uno no puede entregar lo que no tiene.
…la madurez no llega con los años, sino con el ejercicio de reflexión de tus actos.
…no existe eso que llaman “bueno” y “malo”, las cosas sólo son porque no fueron de otra manera.
…los “hubiera” existen en medida de hacer crítica a elecciones que renunciaste.
…”cambiar de camino” no significa huir o cobardía, sino otra manera de hacer las cosas.
…no existe la soledad, uno es la mejor compañía, y si no eres capaz de estar contigo mismo, menos podrás compartir con alguien más.
…no se trata de llegar primero, o saber llegar, sino de llegar contento no importa en qué lugar.
…uno mismo es el obstáculo o la libertad para superar las formas de lo posible y lo imposible.

Y aún me falta tanto por aprender, pero para eso siempre estará la vida; y aún si esta mañana termina, lo haré con la ancha sonrisa de que seguí mi corazón y en constante lucha de construir mi propia suerte.

viernes, 13 de abril de 2012

El hermano que se fue


Es francés y libertario
Casi un prodigio revolucionario,
Escribe con el golpe de las ideas
Y habla con su lengua de fuego

Su melancolía se entorpece
Con el alcohol cayendo por su garganta,
Raspada por cien cigarros de cada noche...
Herida por el grito con el puño al cielo

Es mi hermano y está muerto

Pero su imaginación vuela como el aire,
Como un niño volando un papalote
En el fondo de una mente sin recuerdos

Es un idealista siempre joven
Viajero de mundos y galaxias
Ha visto el mundo y no para de recorrerlo:
Sueña profundamente desde la tierra
Tres metros abajo

Desde la trinchera de su tumba
Vive en los campos de guerra
Y las ciudades fantasmas
Donde aún su risa suena…

Es mi hermano y está muerto

Es mi hermano y lo sigo escuchando.


Te extraño