miércoles, 12 de septiembre de 2007

La Resurreción del Ave Fénix




Hoy hablé de ti…

Sostenida marchas
subiendo la hundida montaña
en una tierra navegante alada
en las hojas de un veneno que no mata…
Hoy hablé de ti…Recordé tus esperanzas
como un vino amargo en mi mesa
de una copa caídaen una piel adicta a tus deseos sin salida…
Y se regresa a la vereda perdida
en un cañón roto de tiranía
susurrando los pormenores de la vida
sin ver esa luna que asomó con su partida…
Y hoy hablé de ti…
Nada interrumpía mi magia
encontrarte tan bella… Tan vacía…
Y seguí con mi esperanza de vida.
Ayer te vi en un árbol recogida:
herida de una garracon tus ojos blancos
tu piel ensangrentada
recostada sobre la leñaviendo pasar el agua y la tierra…
Hoy hablé de ti y no hiciste nada.
Amarré una rosa en mi garganta
lloré en silencio en melodía apagada
mientras los ríos sostenían su canto
te arrullaban y te observaba
y decidiste quedarte dormida.
El viento te acaricia desprendida
de un espíritu que llora por ser libre
de unas manos que no reconocen caricias
y se te ha olvidado los besos dulces
sólo entiendes de labios salados
sólo sabes del frío de su metal oxidado
y ni fuegos azules te devolverán la dicha
si eliges quedar moribunda sin la luz del día…
¿Qué ave atrevería a regalarte sus plumas
cuando sólo invierno anida tu alma?
Y hoy hablé de ti… Y ya no apareces tú
y hoy hablé de ti… Escondida en una burbuja.
Hoy hablé de ti, hoy hablo contigo
oigo tu agonizante rugido y volteas la mirada
decides tenderte en el otoño de una extinta fogata
sin poder sentir el verano de tu herida profunda
cuando hoy hablé de ti, envuelto en la hierba
y tu ausencia…
Con un susurro, pidió secar mi tinta.
No, la llave aún está en su sitio
no, el arcoiris seguirá aún con lluvia
no, la espina en tu corazón será mi alimento
y seguirá lloviendo
seguirán las estrellas naciendo
en un firmamento obscuro de tragedia
en unas alas flamígeras de su discordia
mientras tu cuerpo está a rastras de una vela
sigo hablando de ti, aún cuando no me digas nada.


Estrella en la cueva

Ha quebrado mi voz en tu cueva
fría, interminable ciega de luz
te guardas escondida
y temerosos son tus pasos
sientes arder con el sol de la mañana
y vuelves a tu sótano sin llamas…
Sigues dando vueltas cíclicas
sintiendo emoción vacía
los sentidos se desconocen
han buscado pelea continua
y continúa la batalla perdida…
El ocaso viene cada díay tu presencia ausente de la vida…
Ven, déjame decirte un secreto:
en los límites se encuentra la nada
en el vacío sólo hay acertijos
místicas se vuelven las noches
pero no valen nada si no sales
el titilar del áurea boreal permanece
el polvo de estrella se da en tus huellas
y se vuelven invisibles con tu ausencia.
Anda, dime a qué sabe una victoria sin ganar
dime a qué sabe una perdida sin perder
y dime a qué te supo luchar sin estar en la guerra…
Y sigues escondida
¿cuánto tiempo va a pasar?
Hay voces que se estrellan como mares
aves sollozantes de verte herida
salamandras entrando y muriendo de frío
tu cueva es ese lugar inhóspito para la flama
un congelador perpetuo donde te adopta
y tu caminar es ligero y vertiginoso en la marea
sin que puedas dejarte acariciar por mariposas
y así creas un huracán en la nada
en unas ruinas que el viento se llevó con la lluvia
y aún no es tiempo de ver otra blanca estrella…
Cuántas quedarán más sin ser reconocidas…


Aire en el laberinto

Mátame con un zarpazo de tu boca
hiere mi costado con tus manos
regresa en las noches de tu casería
y vuélveme tu presa de encantos…
Escóndete en el laberinto de la selva
espesa arbolada mística de las tardes
que sea la vereda tu consciencia
y la mía ese paso de tu espalda y tu cintura.
Encontraré trozos de mí en tus huracanes
sutiles espirales que absorben locura
cuando en un caballo sangrante
disponemos al libre vuelo de almas
cuando me vuelco en tu centro:
espinoso tallo de tu vientre enterrado
suelto en la quimérica confusión de tu cuerpo
aventando demonios juguetones en tus dedos
y termino por entregarme al encanto de tu cuello.
Así bajaré por tus pechos de sosiego
acariciando sin tocarte tu piel de imperio
misma que me abriga en el sauce de los misterios:
Y me veo astral en un viaje de sueños
trazando tu silueta en la cera de nuestra mesa
esbozando una sonrisa en el vértigo de tus labios
las comisuras engañosas entre risa y deseo
puestos en la hora cero de la mirada vespertina
en el reloj aniquilante de nuestro tiempo.
Y así me veo verte en un sueño caótico
donde las manecillas no son amigas
donde vuelo para vigilar tu ingenio
encausarte en las aras de mis arenas
logrando recovecos para ti, mi viento.
Pon en mis alas tus pasiones más recónditas
prohibidas alucinaciones de tu templo
deposítalas y crea de ello mi alimento
márchate cada madrugada con el aire de mi silencio:
regresa en la vertiente del ocaso rojizo en cascadas
abre tus ojos felinos y rasga mi corona de vida;
atrapa al ave y derrámate en su nido
arrulla con tu rugido mi trino
y me verás crear melodías altivas en tus huracanes
que merodean por estos laberintos asesinos
en sueños andróginos de una escultura de hielo
puesta en bloque en la que te esculpo a diario
descubriendo uniforme mi talante de activo verbo
que con un torpe golpe destrozo el espacio:
mágico sincretismo en el puerto terrenal
oxígeno de mis árboles y tu albedrío
en donde tu luz ha aniquilado mi extravío.


La naturaleza del veneno

He ido cayendo a cascadas
como una gota de cielo
que busca desesperada el suelo
en una noche lloviente de silencio…
Me arranco una costilla
suturo incesante mi herida
absorbiendo la sangre de la guerrera
y dando paso a la vida felina de mi estadía.
Volar
siempre es volar
en parvada resuelta al viento
tomar agua y mezclarme con el fuego:
soltando hilos blancos de redes cazadoras
someterme al delirio de las perlas encarceladas
en un espacio del abismo, refugiada te veoy te miro, y tiemblo
mis hojas verdes
en tu otoño
y llueve…
Somos como ríos sin buscar océanos
ruiseñores mudos de alas rotas
un par de velas que alumbran misterio
unos ciegos con lágrimas negras
almas revolcadas por aurigas
ecos danzantes en las horas marginadas.
Despierto en las ruinas antiguas
con dragones vigilando el fracaso
mientras me cobija tu tacto
mientras me besan tus manos…
No eres un sueño,
sólo el instante te ha guardado:
corre mientras vueloque mi sombra sea tu cuerpo
que tus pasos sean mis guíastu rugir y mi canto sea eterno…
Aún no te tengo.
Bajaré como veneno como por tu vientre
anidaré como tórtola en tus trapecios
recorreré como lágrima como por tus dedos
y sostenme en tus labios de centeno:
caliéntame con leña de pirul
durante siete lunas y cinco soles
espárceme sobre tumbas de reyes
sírveme con tu manto de cielo
degústame con la sal de tu hierro
y termina colocándome a tu lado izquierdo…
Y sentiré como palpitas y renaces a diario
envolviéndome en un firmamento fracturado
para sanar con besos líquidos tus ojos llagados.



Alas de búsqueda

Escuché tu voz en las sombras
mis demonios con lenguas de mariposas
sucumbieron a tu dicha en las penumbras
donde no te veo y las almas se azotan:
en los recovecos hurto tu figura
usurpo tus labios en mi memoria
en los espejos, en el agua
con cada beso dado a distancia.
Formo castillos con tus huellas
calladas me miran, todo, ellas
escondidas en el fondo de tus alas
siendo tú de mis pensamientos la ladrona…
Rasgo las paredes con mis uñas destrozadas
mis manos cuarteadas por la tierra mojada
de unos ojos cansados de llorar
de mis plumas derramadas en el blanco de la nada;
y te siento, estás más cerca que lejos
siendo una gota en busca del suelo
para filtrarse y seguir huyendo del cielo:
así te siento en un verano resuelto
y no callo a los dragones en el ocaso,
pues es su tiempo para romperse y seguir muriendo.
Salgo de un pozo negro para encontrar al otoño
ese viento ligero que atrae el cambio:
corto, como tus cartas que lideran a tu templo
pistas salvajes que me han dejado sin aliento
mientras me deslizo suavemente por esos senderos…
Y aún no te veo.
Verano, otoño, será casi invierno
emprendo una batalla sin enemigo al acecho
esto es cuando sigo sin hallarte a mi costado.
Una mariposa azul se coloca en el trapecio…
Un aleteo me devuelve el aire que aún no respiro
me mantiene suspendido en el espacio y tu tiempo:
reloj lastimero de una herida no causada de destierro
en el que sigo náufrago y ciego
en la orilla de un abismo
con las armas en un río
y vuelvo encomendarme al destino…
Ese que me revuela en las noches
sosteniéndome con tus claves,
música sosegada en los lumbrales
de una risa destruida en estos bosques:
fieles frontales guardianes
quiméricos en la hazaña de guardarme
distraídos al notar la ausencia de esta ave
misma que te busca, te busco en las tardes
me petrifica la medusa del olvido en los andares;
en el despertar de la presencia de añejados sauces.


La mariposa azul

Te miré desde lo alto de la montaña
mujer misteriosa huyente de mis mañanas,
pediste que acudiera y entregara un ramo de rosas…
Rojos carmines entintados de los corazones de ruiseñores;
así fui bajando por senderos azules:
espinando mis manos, contemplando tus felinos ojos
caminando sobre el río como por cristales,
fríos colores bajo mis pies de agua.
Iba de prisa a tu llamado
y encontré esa casa gris de tus dominios…
El mío, el tuyo, todo quieto por un momento
sin aviso acucioso de algún mito.
Y te reconocí en mi entrada, sentada al fondo:
desnuda, frágil como el trigo.
Nos regalamos una larga y profunda mirada,
en una hoja en blanco con tinta derramada
como esa mirada que platica el ciego
recorriéndonos por detalle en silencio;
no hubo sonido, los relojes se detuvieron.
Corrimos y en un instante colorido nos fundimos
y se derretía todo al compás de nuestros labios,
todo se hizo etéreo:
arrancaba la cereza nacida en tu garganta
envolviéndome, tú, con alas de mariposa
con un perfume de fresas y moras
salvajes bosques de ternuras olvidadas
pero aún no allanadas.
Me alejé unos instantes de tu cuerpo,
beldad de mi sendero andariego,
para subir las escaleras a mis jardines secretos:
fuego y tormentas de nieve en mis fuentes de deseo
golpean mi pecho cálido de hierro;
las gotas de lluvia ácida calmaban mi calor tenue
apabullantes toques de la amarga distancia…
Una paloma negra te puso en el trapecio de mi espalda:
tomaste mi torso con tus dedos afilados
cortando mi piel, mi concentración, mi llanto;
viré a ti, y me fui nadando desde ese puente,
virginal delicado, al paso de tus montes y tu cuenca,
divina agua con tus ojos en blanco absorbía
mientras tallaba mis ramas en tu tronco sutil de veneno
hasta arrojarme en los riscos sublimes de tu cintura
y me enredaba en tus caderas prontas de tiempo.
Introduje mi espada, lentamente, en tu océano
arriba en el cielo, tú arriba, yo abajo, ambos en un infierno.
Incendiando las raíces que nos sostienen a la tierra
la vista azul encontré en el líquido de tus retinas
y se volvió todo con un grito apocalíptico en mi contra:
aquella explosión hizo retumbar mis suelos
y terminar para congelarse nuestra hoguera…
Abrí los ojos, todo era tundra
todo fue un sueño en el que aún tú no eras.


Inspiración

Me azoto todas las noches cuando entras:
mi ventana se empañalas letras se derraman
me pongo en laúdes y maitines a escribir
de tus ojos, de tu cuerpo,
de la levedad exacta de un respiro antiguo.
Vienes a cascadas
imágenes reales que me abrazan
me absorben en la espiral mártir
de unos espejos llorosos
derretidos con la sangre de un verso.
Ese aliento, lunar testigo
de cuando me violas interrumpiendo mi sueño
quema mis manos
incendia los pistilos de mis dedos
cuando pides salir por los poros de la tinta…
Y no te veo:
me cobijan a diario los aires de tu corona
espinoso ornamento en mi frente
cuando desbocado sale como caballos de combate
y me hace salir del cuerpo para profundizarte.


Refugio del poeta maldito

Me has hablado de tu situación,
maestro dividido por tu época seca;
pero no te tocó ver peor decadencia
donde retornamos al mito sin amor.
Vomitas la fragilidad humana
la nuestra, correspondiente de la figura
que al vernos al espejo pertenecemos a ella
y compartimos ese sudor de nuestra ligereza…
Nos vemos como barcos sumergidos
en una nada fantasiosa confundida
con las risas de hienas ciegas
atorados en los amoríos quiméricos inspiradores
donde se es muy joven para entender tus llagas…
Y así me siento al leer tu poesía y cartas.
Al igual de una anormalidad real de la mente
navego en los senderos azules de estelas solares
donde las instituciones sólo son creadas por hombres:
débiles facultades de alternativas consoladoras
donde nos miente el testigo de los escritos
y nos volvemos a nosotros y nos volvemos a la nada;
cerrando los ojos y encerrándonos en las letras
esto es un maravilloso lago de saliva.
Nos atrevemos a deconstruir un mundo
que con arte creamos el nuestro
entre el mundo de tus pensamientos y el mío
en épocas decadentes que prometen un “progreso”.



Vidas compartidas

Traviesas ninfas del bosque blanco
dejen contemple su laberinto de significados
entren todas las noches por mí en lienzos blancos
y atrápenme en la luna de soles muertos.
En su distancia, entre mi mano y la pluma
derrámense en espirales de pentagramas
y colóquense por debajo de mi mesa
absorban el fluído de mi alma en decadencia:
sublímenme en la conciencia sin sentido
de unas alas rotas de este cuerpo que ha acaecido
y denle a este ser el vuelo valiente de sus voces
inmortalícenme, ¡respiren lágrimas oceánicas!
Esclavícenme a la condena de morirme antes,
antes que ustedes desaparezcan y se renueven
ante los ojos de alguien más y me sean las amantes infieles,
así, tocando cada poro de la herida que nunca sutura
quede entintada en negro y fuego azul...
Hagan lo que sólo ustedes logran en un verso en rojo
de mi lastimera carga de mis manos;
vehemente les digo:
"Verba volant, scripta manent"
y luego, permitamos al amor y a la vida salir del abismo.



Miércoles de ceniza

Caminé debajo del cielo frío
recorriendo las calles empedradas
en un circo infernal de un recuerdo
de dos milenios escupidos en la sombras:
letras sublimadas en el tintero desbordado.
Abrigos de pieles de mil colores
historia unida al fracaso religioso;
una enseñanza heredada por crueles
con la muerte prodigiosa del vértigo
que se siente del látigo y lanza humillante.
Y el orgullo del sacrificio resplandecede
amargos siglos con guerras y muertes:
inquisidores, pensadores, escritores,
gente obscura e iluminada se reúnen;
¿qué orgullo sienten al ver a su rebelde
azotado y escupido en la mesa fúnebre…?
Sádicos besan a los emperadores
de los caminos, del sufrimiento
en sus puños se centraba la rabia
en sus labios había veneno
y qué hablar de la hipocresía del viento:
nos trae la revelación de un héroe incierto,
sabio condenado por su corazón en la lengua
cambiando ideologías sin lograr hermanos.
Y te veo ahí callado,
símbolo de tu cuerpo
por ignorantes masticado,
con besos ultrajados
en una figura de madera
pordiosera de los embelesados.
Y así te veo acostado,
soportando la injuria fielde seres indómitos
en la noche que te visité.
Palabras huecas de disfraces morados,
reglas absurdas para los condenados:
de ser santo, de ser pobre, de ser diablo.
Sin esencia
ni naturaleza de Sartre odiado;
filosofía verdadera que da engaño
de aquellos sordos que se muestran a tu lado.
Te miran, sienten culpa
se absorten de pecados
reciben óleos de los acusados,
¿quién es sabio para juzgar a los humanos?
¿Quién es Dios y qué hizo para mitificarlo?
Hombres débiles de un cuento realizado
te besan, te escupieron antaño
no vieron el espesor del bosque enajenado,
y te sirven plata, te colocan oro;
te hacen un altar y una oración
te regalansin saber que se consumen a diario
sabiendo que al otro día te defraudan
¿y tú los sirves a diario?
¿Tú perdonas como ellos te han perdonado?
¿Exististe para matar a todos
o sólo es pretexto para ser existido
en los libros y el cáliz sagrado…?
Y salgo de ahí riendo, diciendo:
ahí tienes a tu hombre culpado
ahí tienes a tu hombre sin significado
ahí tienes a todas las muertes y las hambres
a los pecados, a los cerebros dañados.
Y me piden que te escriba
me da vómito saber que tantas letras
tantas líneas, tantas ideas
se te es dedicado…
¿A qué vienes ahora en un miércoles
donde en casi un año ni se te es recordado?
Y te hablé con el corazón en la mano
con la pluma y la tinta al cielo
con mi sangre azul de príncipe odiado:
me he visto en ti en las calles de mi barrio
donde también era azotado
en mi casa donde mi padre devoto
se le olvidaba que te amaba y me golpeaba.
Te vi y me acordé de mí, no de ti
tú estás callado, acostado
riéndote de los desafortunados
enojándote de los agraciados...
Y te vuelvo a ver y te vuelvo a escupir
por no creer en ti me han odiado.
Exististe, moriste
y si no estás aquí,
por qué me sigues afectando.
Y lo haces con todos
y no es a ti, son a las instituciones
por hombres amargados
cuando dejaste de importarme
cuando vi mi grandeza
y de ti no me vi necesitado…
Y le debo a mi madre y a los hermanos
le debo a mi gente que me ha formado;
si existes ya no me ha importado:
me piden que te escriba
sin merecer la tierra donde escribo;
gracias a la vida y a la tierra
a las cenizas guardadas en un día santo
que le pude escribir al atormentado.